no hay nada más que cuerpos muñecos amados y desgarrados
por la misma simple fuerza de lo agonizante
por la perpetua traición de los sentimientos
por la ingenua violencia de los olores
por la sádica memoria de los ojos
no hay nada más que manos y grietas a la madrugada
por la profunda aspiración de la noche
por la débil distancia inalcanzable
por la inútil persistencia de los rastros
por los lugares recortados
de la sádica memoria de los ojos.
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