martes, 23 de noviembre de 2010

Recolector

Sumatoria de objetos del pánico, advenimiento; misterio de un silencio y de un ruido pasados por la madrugada. Acumulación, peso de los objetos llenos de aire entre los pequeños agujeros que componen todas las cosas: porosidad.
Guardan dentro lo que observa la noche: agua a la madrugada que invade y espanta.
Intimamente resguardar la seguridad en lo centrífugo del tiempo, porosidad de las cosas, asiento de la palabra. Ya no esperar.

Tarea

Profesión de decir que nada puede decirse, sin embargo sin absurdo, porque hay otra cosa que señalar, y es que el sueño no viene, el amor no viene, la muerte no viene, la alegría no viene, la soledad no viene, el viento no viene, el sol no viene, la madrugada no viene, la risa, el olvido, el temor no vienen, la saudade, el tiempo, el agua no vienen, no viene el olor, no viene el recuerdo, no viene la vida. No.

Mensajes

Se dicen mensajes pero son pérdidas del tiempo que así vivió y murió en su ley. Me advierten que no lea lo que dicen, que no diga lo que piensan: al azar digo que las cosas no están en su ley, ¿y cuál es su ley? No hay leyes, salvo el arroyo, menos pensar y solucionar, más existir y destruir. Me gustaría saber en qué recovecos del cielo van a dormir esta noche mis estrellas, me desinformo de ellas, y lo lamento.
Yo te dije que no sabíamos nada, y yo creo que sabemos todo, yo afirmé mucho más allá del contorno de lo que podía tocar y resulta que ahora es como si hubiera sido un sueño pésimo.
Esta noche quisiera algo no tan difícil.

Unidad Penal

Hoy les dije a ellos - pero no les mentí- que el deseo existe y que puede nombrarse, pero no puede matarse. Me miraron, me comprendieron más de lo que yo quise que me comprendieran. Me dejaron vivir ese momento suspendido entre el silencio y la pared. Bajaron luego la mirada y nombraron cosas que tengo guardadas en mi maletín, que quiero querer, que quiero conservar.
Ya de regreso, lamento haberme ido, lamento haberme quedado solo y de haberlos dejado solos, y también lamento que haya que decir estas cosas en silencio. Ya viene la hora de soñar que las manos acarician, que los ojos miran, que el cuerpo respira. Porque todo eso es de un ayer que pisotea el presente.
Hoy les dije que es una cárcel una hermosa manera de ver pasar los aviones, porque lo dijo él, que no existe, que no importa y que sin embargo quiere desear. Hoy le puse la cara a un fantoche gris, alegre y desgastado que quiere decir, quiere decirse, que hay algo más o algo menos que la soledad, que no quiere mentir y no quiere vivir de los afectos perdidos, que recuerda y que sueña que acaricia desde una celda que también es de verdad.

martes, 16 de noviembre de 2010

Sueños

Ya no te recuerdo con felicidad: noches y madrugadas a las que quise llamar para pedir el alivio de la palabra. Días y silencios que poblaban mis ojos. Y tu silencio indestructible que busca las grietas, invade los jardines, acecha en el amanecer.

lunes, 1 de noviembre de 2010

La Navegante

En su inocencia desplaza los dos costados del mar y vive, más acá y más allá del instante, obviedades que dice, obviedades que calla, pero presiente, observa y respira. La más grande y pequeña piedra, en la orilla de un río turbio, en silencio pero presente, destina siglos por una línea lejana y dice lo que no puede saberse.
Navegante, yo, perdido y sin saber, observé, memoricé y olvidé tus silencios, permanezco en la insidiosa siesta del verano por venir, deshojando árboles, sepultando arañas, cuidando nidos rotos. Una espera me obliga a subsistir. Navegante, vos me dirías, o me hubieras dicho en ese pasado brillante, cuando yo no sabía qué hacer con mis manos, que partiera, que cruzara un océano por dentro, que no desistiera. Navegante, yo comprendo que un destino no es un destino, no es así como las horas corren, no es así como los relojes imponen sus violencias.
Si no fuera por el correr de mi propia sangre, no podría yo, Navegante, decirte más que esto, o aquello, o todo lo que mi voz no puede no callar, que no puede no decir, que transita en el desvalijar una memoria tierna, deshecha, un instante que regresa, un recuerdo que permanece oculto tras las sábanas y que los olores deshilachan en la punta de los dedos.
Navegante: no quiero nombrarte, pero tu nombre asusta en la penumbra de este cuarto, tu órbita, tan alejada de mí ahora, me rehace en cosas que hasta la última hora invoca sin remedio.
Navegante: si el destino te pusiera cerca, en lo lejos que yo me he puesto, si el tiempo te rehiciera, en lo deshecho que yo he dejado, si cumpliera sus horas el regreso, si todo fuera para uno que yo no soy, si yo no hubiera sido el que nunca fuí, si comprender no tuviera a veces filos escondidos.
Navegante: en esta hora todo es silencio, salvo esa lechuza que solía alegrarnos, salvo este ruido de las calles que no es más mío, salvo mis manos que no pueden sino llamarte en vano.