sábado, 20 de febrero de 2010

Descenso

Sin saber qué decir, pienso en lo que significa tratar de recordar: las horas son amigas, pero mienten acerca de los hechos, mienten acerca de los recuerdos, mienten acerca de la memoria.
Hoy el sutil contacto entre los dedos y la nada me dio impulso, hoy transcurrió nuevamente aguantando la respiración la vuelta al mundo, hoy saqué conclusiones de las de siempre, hoy no pude acordarme otra vez.
Querer dormir, querer apilar el cuerpo en otro montón de piedras, querer desprenderse de la memoria: hacerse mierda. El recurso de siempre en las horas nuevas, en las por venir.
Un agudo dolor me pasó por todo: anuncia algo. No tendría que tener resistencia, tendría que tener algo más o algo menos. Una cosa inacabable que me dejara dormir pudiendo soltarla. Una manera de decir que estoy esperando, un gesto que valga algo, una indiferencia mayor todavía, un vuelo de pájaro por sobre esas calles, una luz amarilla, vidrios, papeles, silencio.

sábado, 6 de febrero de 2010

La navegante

Una infancia salvaje cubre el sexo de tus flores y un olor extranjero anuncia tu cercanía: estás donde yo te encontré aquélla vez, navegando en un mar de deseos salados, mirando suavemente el horizonte.
Yo era un paciente de mi propia cama, y esperaba sin saber. Vos aproximaste tu barco a la costa y tuve que partir. Las olas siguen removiendo el tiempo y hemos estado en silencio. Yo no comprendí durante mucho tiempo la suave necesidad que te empujaba.
Lo inmenso del mar no me da resguardo pero yo tengo que permanecer. Las olas remueven el tiempo y tu mirada de navegante hace el silencio.
Yo, hecho en un río, no puedo comprender el mar.
Comprender todo es imposible.

Limbo

Si faltara algo por decirse, si faltara algo por hacerse: queda solamente ese espacio que mencionaste, más vivo que nunca, reconocido y visible, donde no se llega hablando ni de ninguna manera. Sólo al bajar la escalera parece acercarse, pero son los últimos segundos antes de que el momento se aleje y se abra de nuevo el silencio.
Me molesta ese espacio sin cerrar, me intranquiliza y me conmueve saber que estás en el borde del espejo, que ningún ángulo te puede mostrar otra vez.
Pero en la molesta cosa del saber no puede haber más que ignorancia y duda. En la rutina de las calles no existe otra cosa que el alejarse sin fondo. Y entre las personas no puede haber otra cosa que ese alejarse.