viernes, 31 de diciembre de 2010

Cierre

Cierre, herradura perdida, clavo en la calle que se clava, ráfagas, garrafas: hoy arena y sudestadas de adentro y de afuera, por pasar sueños, boulevard y verano. Saberes, el olor de la piel, abismos del deseo, moribundo pasar por el recuerdo, hastío y aire esperado. El calor humano –una mierda- y la anhedonia, letras del más allá, el regreso fútil de todo, el irse desesperado de todo, la necesidad, los herejes, las motos, la nafta, paseos, lentitud y pozos de la calle, esquinas, alcohol, la máscara de la ciudad que de noche se cae, buscar y rebuscar, por dónde (no preguntar) y pensar.

martes, 21 de diciembre de 2010

Necesidad

Con la necesidad se puede jugar a veces, a que se ha escondido y mientras se cuenta en el tronco de un árbol, no se piensa en ella. Se olvida. Se cree. Pero la necesidad está luego llamando y jugando ella también desde la distancia en un monte cerrado y oscuro y entonces es un monstruo verdadero.
Para el relato de una crónica en mi intimidad: con la necesidad hoy no quiero jugar y sí me gustaría desaparecer por completo de este hueco, por un tiempo, por un rato. Que nadie me garantice poder desistir, que ninguna voz elija mi sueño.
Es el venir de otra-vez las sombras, lo que ya conozco hasta el hartazgo, hasta el olvido.

sábado, 18 de diciembre de 2010

La felicidad inminente

Te falta mucho, demasiado. Todavía no son suficientes las casualidades. Ves en el fondo de ojos que no te pertenecen un transcurrir pálido y sereno. Ves y no sentís, estás inmunizado, a pesar de todo, a la aspereza del deseo.
Te espera mucho, en cantidades tremendas. Te parece un engaño y que en un rato todo se acabará. Y eso es lo que te espera en cantidades tremendas.
No estás inmunizado ni mucho menos: en sueños podés tocar la corriente de los bordes azules que se perdió en tu memoria. Que de fotos azules es historia.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Ocultamientos

Me doy cuenta que no nombraba las cosas por temor a que se salieran afuera, pero ahora, que todo se salió afuera, que yo mismo estoy afuera, en una libertad espantosa y en un cuarto carcelario, tendría que nombrar las cosas sin temor a que se salieran afuera ¿qué afuera? únicamente bobo u obsesivo, como enfermedad que sin tratar fractura y muele las horas, pero ¿cuánto tiempo pasó? si no fuera porque todo está en su mismo lugar -todo menos yo- entonces diría: no pasó tiempo. Pero sí, no, ahora, (me acuerdo de golpe del poema medio frío, raya horizontal del dedo en el vidrio empañado de Junio) y todo porque así era una manera de decir: no pasó tiempo. Pero sí.
Entonces a ver si era solamente eso lo que pasaba: sigue siendo costoso nombrar las cosas ¿por qué? porque el tiempo pasó y no nombraba las cosas por temor a que se salieran afuera ¿y este afuera entonces, cómo es?
Es así, es al revés, como siempre: nombraba las cosas y no me doy cuenta, por temor a que se quedaran adentro.

maría medrano

maría ayudame: yo estuve clasificando las palabras que eran necesarias para una especie de olvido raro, inventé un río y unas cosas extrañas flotantes, pero no se las llevó, maría, las dejó o bien volvieron por arriba de nuevo y yo desprevenido entré en pánico y se me desmoronó la vida. maría, vos me parece que sabés o ya estuviste acá o es mentira y todo pero a mí en este momento me hace falta una mano, por ese asunto del olvido o el borrón y los vidrios. maría, yo sabía que existías pero todavía no estás. maría, no me entiendas y no me escuches, pero ayudame.