viernes, 9 de abril de 2010

Conjuro urbano

Páseme todo por delante, alta y luminosa figura, deslícese todo por la ridícula pendiente del día, arruínese todo, muera la muerte, piérdase el mirar, incéndiense las horas.

Helechos

Helechos deshielan en las horas de la siesta, sin silencios, sabiendo que la sed los sufre, si supiera sentir las caricias de TUS ojos, solamente sabría insistir en seguirte y ya no recorrer con furia el ruido del amor.

Tarde

Sobre el río va una luz: cadenas de la infancia la atan a una memoria sucia de mañanas sin amanecer, ruidos y voces del eco en el pecho de los mayores, las tardes transcurridas en vano, agua que se escapa de las manos. Perfiles desconocidos que hablan, hasta los árboles hablan, sobre las fotos y los ruidos y voces del eco en el pecho de los mayores.
Pedazos de ruegos, muertos que miran en silencio la huella de un destino fervoroso y verde. Claridad, alegría, animales muertos.
Pozos posibles, frases sueltas, paredes, plantas. Un recuerdo para mi noche de la linterna. Un hermano que supiese hablar. Una mano amiga.
Pero el río no quiere venir hasta acá, las horas no van hacia donde siempre, la tarde se viene deslumbrada, las explicaciones llueven y se embarran, las manos no saben qué decir.

Paciente

Paciente sobre el filo de la siesta acuñar monedas y deshacer hilos. Paciente durante las lluvias, esperar el ruido, la sabiduría plena y el correr de las rocas. Asintiendo siempre, meditando y haciendo valer las horas sobre los días.
Alegría, deshecho trémulo, asco. Así una vez y otras de las desconocidas.
Insolación de las horas por venir, aspectos tristes de las esquinas desiertas, maldición de las calles y los mapas.
Paciente sobre el pensamiento acuñar monedas: es lo que reluce en la madrugada, un pensar futuro, un corte superficial que no esconde la sangre. Paciente durante las horas frías del silencio, agitar un pañuelo y cantar por todos la canción de las hojas secas.