En las caras de los desconocidos hay una línea que sigue el contorno de tu cuerpo desaparecido, oscurecida tras anocheceres acumulados, perdida, de una ausencia mayor y brillante que me obliga a vivir sin querer. Por primera vez te nombro no para aliviarme sino para desearte más todavía, si cabe, que aquélla vez en la que podía todavía saber que existías y aunque yo no te viese, sabía de tu sutil forma de estar, de tus recorridos y de tus descansos.
¿Qué desconocimiento vendrá luego de éste tan profundo y extraño, qué otras palabras te trazarán en mi mente, ya no de las fotos ni de los recuerdos, ya no en mis manos, ya no en este mundo?
En los instantes detenidos en el pasado, donde una mano mía conoció las líneas que trazan tu contorno, en los objetos desangelados, en las esquinas ¿dónde encontraré un instante de reposo, un instante de olvido?
Mirando desconocidos, quiero comprender que tu ausencia definitiva es una marca que el olvido no puede tocar.