miércoles, 4 de julio de 2012
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Y entonces también, dar materialidad a la idea de pasado es una acción necesaria para seguir ignorándolo todo.
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Por esto, es inútil intentar fijar la memoria desde la realidad, desde la idea de pasado, presente o futuro, desde misma noción de tiempo. La memoria corroe el tiempo más allá de la descomposición, lo ilumina con una luz negativa pero a la vez de diferente color. La memoria olvida al tiempo. La memoria es casi lo contrario al tiempo.
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Cuando la memoria se hace presente en un momento cualquiera, indefinido, el transcurso del tiempo presente se reduce a ese estado de recordar y se cancela tanto el presente como el futuro, pero sobre todo se cancela el pasado, porque la memoria es un tercer tiempo fuera de la línea habitual, fuera de la realidad real y, sobre todo, fuera del cuerpo concreto que es, sin embargo, donde se sitúan los dolores que vuelven reales tanto al cuerpo como a la memoria.
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El escritor es prisionero de su registro y en cuanto intenta forzar esa prisión se ve reducido al ridículo, a un ridículo en particular que es el del miedo indigno a la extracción social, a la familia y a la casa natal.
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