Sobre el río va una luz: cadenas de la infancia la atan a una memoria sucia de mañanas sin amanecer, ruidos y voces del eco en el pecho de los mayores, las tardes transcurridas en vano, agua que se escapa de las manos. Perfiles desconocidos que hablan, hasta los árboles hablan, sobre las fotos y los ruidos y voces del eco en el pecho de los mayores.
Pedazos de ruegos, muertos que miran en silencio la huella de un destino fervoroso y verde. Claridad, alegría, animales muertos.
Pozos posibles, frases sueltas, paredes, plantas. Un recuerdo para mi noche de la linterna. Un hermano que supiese hablar. Una mano amiga.
Pero el río no quiere venir hasta acá, las horas no van hacia donde siempre, la tarde se viene deslumbrada, las explicaciones llueven y se embarran, las manos no saben qué decir.
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