Con la necesidad se puede jugar a veces, a que se ha escondido y mientras se cuenta en el tronco de un árbol, no se piensa en ella. Se olvida. Se cree. Pero la necesidad está luego llamando y jugando ella también desde la distancia en un monte cerrado y oscuro y entonces es un monstruo verdadero.
Para el relato de una crónica en mi intimidad: con la necesidad hoy no quiero jugar y sí me gustaría desaparecer por completo de este hueco, por un tiempo, por un rato. Que nadie me garantice poder desistir, que ninguna voz elija mi sueño.
Es el venir de otra-vez las sombras, lo que ya conozco hasta el hartazgo, hasta el olvido.
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