Una infancia salvaje cubre el sexo de tus flores y un olor extranjero anuncia tu cercanía: estás donde yo te encontré aquélla vez, navegando en un mar de deseos salados, mirando suavemente el horizonte.
Yo era un paciente de mi propia cama, y esperaba sin saber. Vos aproximaste tu barco a la costa y tuve que partir. Las olas siguen removiendo el tiempo y hemos estado en silencio. Yo no comprendí durante mucho tiempo la suave necesidad que te empujaba.
Lo inmenso del mar no me da resguardo pero yo tengo que permanecer. Las olas remueven el tiempo y tu mirada de navegante hace el silencio.
Yo, hecho en un río, no puedo comprender el mar.
Comprender todo es imposible.
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