Ya no más con esa pulsión o tal vez sí, con la exacta misma pulsión describir los arcos de lo que demoro demasiado en decir. Perdonar ofuscarse y a la vez darse cuenta de que está todo sobredimensionado, los dos estamos sobredimensionados. Excepto lo que sucede. Lo que sucede jamás está sobredimensionado: es exacta medida de lo perfecto. Los momentos de dolor están perfectamente calibrados para la medida de lo exacto, lo perfecto. Y ahora me voy.
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