miércoles, 19 de septiembre de 2007

Infancia

madre
de dios santo que cosas tremendas en la vida han de suceder para que uno estrechesé con uno mismo tontamente y sufra las cositas de las cositas si no si no o es que yo me creí que era otra cosa lo que en la infancia veía tan ciegamente después de haber jugado casi siempre y haber creído sobre todo haber creído que era fácil creer en las cositas que hay escondidas en los rincones oscuros y en las vueltas manzana a la noche o en el yuyal de la vía para pasar de largo o detenerse y la musiquita de las cositas que regresa, en su lugar no habia nada o no lo se pero si había algo, se fue, porque llegó la musiquita loca y obsesiva de lo que no puede ser que justamente ahora y por qué no antes o por qué no ahora mismo en un ahora más cercano aparecería y diría alegrías que yo no he conocido y dejaran de dudarse las cosas, las cosas que hay en el borde de la tabla sobre el agua y cayeran todas conmigo a un río raro que arrastrase lentamente y convirtiese lentamente todo en vetas de verdor verdadero marmolada agua y al fin nada que no supiese, yo, desde antes: una fe. y, pero, entonces recién entonces, empezar no de nuevo sino de verdad a tratar de nada de nada fuera de los bordes tan pobrecitos tontos que circunlimitan la pálida y baratísima alegría que compré -barata- en otras épocas no tan sanctas y tornase pálido ya todo para que reviente. algo. en un lugar que ya he pensado y hasta he visto con mis propias manos: en ese río raro. una fe.

No hay comentarios:

Publicar un comentario