Una leve distancia, una leve diferencia: estar o parecer, no ser ni ver u oler. Una breve distancia, abierta categóricamente a falta de mejor definición, más que una herida o que una visión. Todos los acontecimientos desgarradores ahí concentrados e inermes. Ni siquiera el tiempo lo explica todo, más aún, ni siquiera el amor lo explica. Mucho menos lo explica la muerte.
Pero sí! Ahora surge, aflora a la profundidad una inyección negra, difunde sus turbiedades e inesperadamente se disipa y deja el mismo sabor que el café en los abandonos de sus últimos restos fríos. Se repite, se imita. Ha transcurrido un día. No habría límites (muerte, definitivamente, no hay) pero sin embargo termina, acaba por confesar la verdad y ésta es meramente un decir "yo" que no vale mucho, que es lo único que queda, restos del invierno pasado, miles de kilómetros transcurridos, un escueto silencio, aburrimiento, el típico y esperable resentimiento forzado, la invención compulsiva de culpas, un desgano lúcido, otra estación, conjeturas lógicas, ajetreo diario, normalidad.
Y no olvidar jamás la dosis exacta de necesidad, pero sí olvidar los recuentos, los conteos, las cuentas, los números, las enumeraciones, las listas, las agrupaciones. Olvidar y engañarse más o menos hábilmente, ser consecuente, aplicarse a mentir.
Pero sobre todo, antes que todo, no olvidar jamás la dosis exacta de necesidad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario