Voy a hablarte. No voy a hablarte de esto. No puedo fallar en mi silencio, que es solamente para vos, que te ofrezco solamente a vos. A otros irá lo que yo diga y no será lo que yo diga. Solamente a vos te diría lo que voy a decir, pero no voy a traicionarte ni a traicionarme. No voy a hablarte de esto.
Hay interpretaciones. Hay actos. Usaré los actos, los interpretaré según lo que me convenga, según lo que me permita mi estado, mis deseos o mis angustias. Todos hacemos eso. O bien nos engañamos y descartamos esas interpretaciones por otras que nos hagan doler aún más. Yo optaré por la más sincera de las opciones a mi juicio, en este momento, para mi estado.
Mi estado es éste: dolido por tanto silencio, cansado de tanto evitar pensar en vos. Seguro de que nunca más volveremos a estar tan cerca. Cansado de tanto elaborar hipótesis. Seguro de que ninguna podría ser nunca verdadera. Cansado de estrellarme contra el hecho de que entre nosotros no hubo, no habrá nunca, verdades de ninguna clase.
Vos no me dejaste más que la posibilidad de elaborar hipótesis. Clausuraste incomprensiblemente la posibilidad de estar cerca. Descartaste una inmensa cantidad de cosas enormes, por la menor de las cuales yo hubiese dado más que la vida. Te empecinaste en simular miedo para esconder todavía más miedo. Mentiste sin necesidad, salvo que tuvieses necesidad de deshacerme o de convertirme en ésto que quedó ahora, ruinas, previsibles al fin, pero ruinas. Callaste demasiado. Callaste más de lo que mi cuerpo puede soportar. Hiciste crueles pruebas, ensayos de tiempo para ver cuánto yo resistía.
Pero tus razones tendrás, con lo cual nada de lo dicho es cierto. A ésas razones yo no puedo alcanzarlas o comprenderlas o dimensionarlas. Sólo estoy solo con una angustia jodida y sin ganas de decirlo. Cansado. Diciéndome cosas a mi mismo mediante el truco de hacer de cuenta que te las digo a vos. Tal vez haciendo lo mismo que vos, pero mintiendo menos, pero con menos miedo: arrancándome palabras para corresponderte, por mera obligación, por no ser tan descortés.
Tus razones tendrás. Yo estoy seguro de eso. Seguro de que están y de que no puedo entenderlas y de que de antemano ya sabías y sabíamos que no me las dirías jamás. Esa un auténtico destino éste que hay ahora afirmándose entre nosotros. Yo ya lo sabía, yo supe que vos también lo sabías, aunque tal vez no sea cierto que las sabíamos.
Yo no tengo razones. Esta vez me tocó aceptar las razones de otro y limitarme a hablar unas cosas delirantes en los momentos en que la falta se hace implacable. Es justicia, creo.
Pero no voy a traicionarme ni a traicionarte. No voy a decir "traicionarnos". No voy a hablarte de esto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario