martes, 18 de septiembre de 2007

Caquita

Saludos de parte de la tabla que flota, o recuerdos de la tabla que pasó por la orilla, en un momento estuvo cerca, acercándose y luego ya se hizo exactamente como todo lo demás, fatal, y yo deseando esa tristeza de lo que se escapa en sueños y las manos no te responden no se extienden y gritar no serviría, componiendo una nostalgia punzante descrita así como si fuese simple hacerlo. O sea, todo arrastrarse por la lejanía compone esa nostalgia. Sin embargo todo alejamiento toda pérdida y por extensión todo futuro se enchastra de las suciedades de la melancolía falsa de hablar. Sin embargo no se ha dicho nada ¡nada! sobre esto: caquita. Que has aparecido en el centro del espiral como siempre, podré dirigirte ya que no insultos o elogios, una oración con un ruido en los oidos, con los ojos apretados, una plegaria que me curve, de rodillas, algo que me regrese a mi propia posición servil que es tuya que te pertenece y no.

caquita

merezco tu desprecio no valgo nada
compadecete de este tu pobre servidor
odiá a este tu pobre servidor
volvete inmensa y olvidame, pequeño
entre zarzas y piedras, entre
mis propias ideas
entre
la soledad y la muerte baratas
entre risas y agonías, fracasos
remordimientos, entre arrepentimientos,
penas y equivocaciones.

Forjación de cierta Intimidad? caquita, me mentís,
como un dios cualquiera, me mentiste
y yo que te seguíA
a pesar mío
por casi todas las callEs
y dormía en las esquinas
donde habías estado parAda.

Era para mí? cómo puedo saberlo
yo que justamente prefería
y hacía
que todo fuera para mí?
caquita en eso también, me mentiste

Los espirales ahora los doy yo
por culpa de mis ojos
y con la náusea vuelve, devuelvo
lo que me regalaste para mi aniversario.

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