caida lenta de la tarde
como ha sido anticipado ya
por mis manos, ya enfriándose
solidifica mi cuerpo en el verde
de lo deseado y de lo odiado
mientras en realidad yo esquivo
sin demasiada habilidad y
sin demasiado deseo
la caída del recuerdo, desovillándose
sobre la mesa sobre los papeles
con resignación con ganas
con violencia y pausas raras
y a a vez admito para mí
que podría hacer algo inútil
para agotar solamente
lo factible.
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