Decirte no tiene sentido que el recuerdo no vive y que es dejar irse flotando un cadáver frío de enormes ojos, que no hay futuridad posible en nada que se le parezca. Si gritarte algo que yo no sé deletrear, si ahora, hilo que se tiende por los techos, mi voz no persiste, si los sonidos son los mismos de todas partes, si me imagino ahora tendido en un allá que no coincide con nada, si un olor no se puede más que recordar si tu silencio tuviese alas.
Habitar en esta parte es desvanecerse, es caer por el costado de cosas absurdas, exigiendo pensarse, deseando revivirse. Yo soy el mismo Mariano que nombra por las madrugadas cosas sin nombre, por querer ese aire, por nada, por equivocación. Y vos sos esto que la intuición nunca me dejó sin saber, que unas palabras, un nombre, más exactamente, raya con sus trazos por dentro un recipiente oscuro, que brilla en la lejanía que pasa como un avión, dejando una estela de vidrios blancos en mis manos. Quisiera despertarte, pero no es tu sueño sino mi invalidez, mi discapacidad, mi parecer. No hay tiempo que compense semejante abismo. Te llamo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario