Un olor, un saber de lo superficial de la piel, un recuerdo: necesario para vivir, lo despreciable por otros innombrables, lo intimamente sabido.
Me fue dado el conocer, me fueron ofrendados instantes de la Verdad, a un precio inconmensurable, pero todo por saber, todo por nada, hice de cuenta tantas cosas que extraño el pasado sin saber que esconde las piedras de lo que quiero, las arenas incontables del porvenir.
Repregunto las veces que no quiero: y esto? Un NO insaciable que me espera en la vuelta de aguja del reloj que siempre tuve, un seguir ahi indefinidamente.
Pero yo no soy indefinido, no sigo ahi para siempre y no puedo silenciar los enormes ruidos que el cuerpo me hace, las alertas de un decaer permanente, las señales del Error.
Me tengo que plegar, sin embargo, a una regla absurda, que no quiero o no puedo entender, que importa en tanto yo quiera, que me obliga y hasta me insulta con sus gestos torpes, con sus olvidos premeditados o descuidados, con sus traiciones predecibles.
Me tengo que plegar a mi propio no encontrar que sin descanso me expulsa afuera, que consume de a poco mis ojos.
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