martes, 3 de agosto de 2010

Consuelo

De buscar en los pliegues de una noche las lineas heladas de tu ausencia, de enviar señales al agua turbia del silencio, de recordarte tal cual eras, tal cual era la verdad, imposible ahora, inexistente ahora y siempre, demoledoramente cierto que nada es cierto y que necesito una linea como esas que solias dibujar: un espiral hasta el centro y una recta que fuga hacia donde. Hacia lo otro que no reconozco, hacia mi recuerdo desflecado. Hacia un siempre muerto, hacia un invierno asqueroso, hacia una piedra helada en el fondo de un rio oscuro.
Si supieras todo, si supieras del fondo de mi inocencia y fuera posible quebrar el aire horrible que envenena mi cuerpo, si el castigo amainase.
Pero no: no es lo que marcan las horas y no hay horas que puedan ser detenidas. No hay debilidad posible, no hay dibujos en las paredes ya y no hay relojes que lluevan con tu voz.

No hay comentarios:

Publicar un comentario