Tomarse el deseo por los pelos y no dejar de saber nunca que todo va por las mismas calles odiadas.
Que amarlas por sobre todas las cosas equivale a perder hasta lo nulo de mirar, hasta lo último.
O dirigir una súplica. O callar. Es perderlo todo.
Perderlo todo hasta el siempre de los cuentos. Hasta el propio morirse de sed.
Hasta pensar que hay cosas que puedan tocarse sin mentirse.
¿Todo lo digo por tu ausencia?
Más me valiera no hablar que ahora, en la desesperación, hablar con la pared.
Todo lo digo por tu ausencia.
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