Tengo que aceptar tu presencia vacía, como un vicio, como una obligación. Y callar, para no tener que gritar inutilidades que desciendan a lo profundo del interior reseco de tu recuerdo gris, del depósito subterráneo de tus regalos dolorosos, de las noches frías transcurridas a tu lado. Y, sobre todas las cosas, nube negra del invierno devastador de todos los vidrios del Universo, para no tener que recordar tu Silencio.
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